Sonó el despertador las 6.30am y estire la mano fuera del mosquitero de mi cama para alcanzar mi teléfono que estaba cargando en la zapatilla que comparto con la sueca que duerme al lado mío, que casualmente se llama Sofia pero a ella le dicen Fia. Y sin 30 segundos de diferencia sonó el de Sonia, la 3er integrante del cuarto. Sonia es española y es una de las encargadas de logística de la misión. Toda la casa arranca a esta hora porque 7.30 sale la primera combi al campo de refugiados. Me vestí con ropa liviana preparada para el calor del día, me lave la cara en mi baño sin espejo y con un balde haciendo de lavamanos, y encare la cocina de la casa. Saliendo de mí cuarto está el gran comedor que tiene 2 mesas muy grandes que se usan de comedor, oficina, sala de reuniones y lo que sea, en donde ya había gente desayunando y empieza la ronda de buenos días. En la cocina me puse agua a calentar para un café y me esfuerzo por desayunar fuerte con tostadas, frutas y lo que encuentre porque sé que me espera un día largo que no se puede enfrentar con solo un té en el estómago. Llego Sonia mi amiga española a la cocina y nos sonreímos con complicidad porque aún no podemos creer estar en la misma misión, en la misma casa, viviendo esto juntas. Sonia tiene 29 años, es española, es enfermera, nos conocimos en el curso de capacitación en Barcelona y 2 semanas antes de estar acá estábamos soñando cada una en su país con que nos mandaran de misión juntas, y la sorpresa y felicidad de que realmente haya pasado aún no la superamos. La mayoría de las personas que están en esta misión son toda gente con experiencia porque al ser una misión de emergencia, no hay lugar o tiempo para aprender a hacer las cosas porque todo se necesita para antes de ayer; pero no somos las únicas first missioners, también esta Jonathan, un colombiano de 32 años que es médico y también es primera misión! Con él nos pegamos un abrazo de buen día como buenos latinos bien cariñosos. Con Sonia y Jonathan somos un trio que estamos compartiendo mucho aunque no llevemos mucho tiempo juntos, hace solo 3 días que llegamos con Sonia.
Mientras terminaba mis tostadas en el comedor llego Enoch, un gigante amigable de 1.85mt, 101kg que viene de República Centro Africana que me saluda muy fraternalmente y me pregunta como dormí. Él es enfermero pero haciendo de manager de todo lo que implica la coordinación y funcionamiento de las 4 postas de salud que tenemos dentro del campo de refugiados, y es con quien yo estoy trabajando/apoyando/aprendiendo de. Termine mi desayuno y prepare mi mochila con algunas carpetas con papeles que necesitamos para el día, una botella de agua y unas castañas de caju que encontré en la cocina como para reponer energía en algún momento. A las 7.30 sale la primera combi, la segunda sale 8.30am. Somos 20 viviendo en la casa, pero los que vamos a terreno somos sobre todo el equipo médico de nuestros centros, el personal de logística, administración, coordinación general y demás, trabaja generalmente desde la casa.
Dentro de esta primer combi camino al campo hay una sueca, una canadiense, una española, un uruguayo con su mate, un francés, una dinamarquesa, uno de república centro africana, un colombiano, una brasilera y yo. El camino dura 10 o 15min, apenas salimos de la casa hay campos de arroz a ambos lados, y enseguida entramos en la ruta o calle principal plagada de tuctucs algunos tirados por motor y algunos por bicicletas, algunas combis, algun que otro camión descargando cosas en los locales de mercado que hay alrededor y muchas pero mucha gente. Aprendí a no sentarme en el copiloto, ni mirar para adelante, para ahorrarme la sensación de que vamos a chocar cada 2 min, y por viaje hay unas 10 de las que estas seguroooooo que vas a chocar. Marina, la brasilera, y Jony, el colombiano, se bajaron en la primera de 3 entradas que tiene el campo de refugiados sobre esta ruta/gran calle principal. El resto del equipo nos bajamos en la 2da entrada, excepto el uruguayo que sigue hasta la 3era.
Cuando nos bajamos tenemos unos 15 minutos de caminata para adentro del campo. Los primeros 10 minutos son de una calle por la que pasan unos pocos tuctucs y peatones, y hay varias tipo tienditas de distintas cosas instaladas pero sobre todo kiosquitos de comida o alguno que vende ojotas o alguna cosa así. Y entonces llegas a una gran gran barranca de tierra con algunos escalones, también de tierra apenas dibujados, que hace caer las primeras pero no ultimas gotas de transpiración por la cara. Una vez arriba se abre la vista del campo de refugiados que amerita tomarse unos segundos y sentir su vibración de gente, ruidos, colores, de miseria y de refugio al mismo tiempo.
Los OPD son centros de consulta externa de pacientes, como cuando vas a una guardia a ver a un clínico. Los Health Centers (HC) son centros de consulta pero que además tienen unas camas de emergencia y observación de pacientes, y funcionan 24hs. Las postas de salud son estructuras más chicas en donde también se hacen consultas pero la idea es hacer atención primaria en salud que es como casos más fáciles y actividades de vacunación o promoción de la salud. El proyecto que lleva a cabo MSF tiene 2 OPD, 1 HC, y 4 postas de salud.
Después de la súper loma y sonreír ante el paisaje llegamos al HC, donde encontramos muchos bangladeshis que fueron contratados por MSF y algunos roihingyas que son voluntarios para ayudar a manejar a la gente dentro del campo. Adentro del HC estaban muchos del personal de las postas de salud que tenemos a cargo con Enoch, vimos que estuvieran todos pero más importante es que cada posta tuvieran un voluntario roihingya para guiarlos por adentro del campo para realmente llegar a las postas de salud. Dos de las cuatros postas abrieron hace solo 2 dias, por ende el equipo se esta armando de a poco y casi todos los días hay alguna persona nueva, así que como si ya no fuera difícil pronunciar sus nombres y acordarme de sus caras, llega alguno nuevo cada día. Enoch está hace apenas 4 días antes que yo en el proyecto pero ya tiene a todos bastante ubicados. Una vez que cada equipo partió a su correspondiente posta, nosotros organizamos unos papeles más y empezamos nuestra recorrida. Nosotros somos un traductor de inglés a roihingya, un voluntario roihingya que nos guía por adentro del campo, Enoch y yo.
La primer posta queda a unos 10min caminando desde el HC, por un recorrido de caminos a veces anchos, a veces finitos entre las casas de bambú y plástico, entre arrozales, cruzando mini arroyos de puentes de bambú, saltando otra parte porque no está bien hecho el camino y después de unas referencias poco normales como después de la casa que tiene más palos en el techo y bajando una escalera también de tierra, llegamos a la primera posta de salud. La gente nos recibe con una gran sonrisa, y le doy la mano a cada uno para saludar con un good morning que ellos contestan en su mejor inglés. Ellos no me estiran la mano hasta que yo no se las doy por una cuestión cultural por ser mujer, y darles la mano ya es un montón parece ser. Las mujeres llevan la cabeza cubierta pero con la cara al aire, solo las mujeres del campo, las roihingyas llevan todo tapado excepto los ojos. Para este momento ya estoy empapada en transpiración y las postas no son exactamente frescas, así que ya ni me gasto en secarme, solo cada tanto lo hago con el pañuelo que yo llevo en el cuello intentando tapar los hombros como señal de respeto a su cultura pero no como verdaderamente cubriéndome. De todos modos mi remera tiene el cuello cerrado y es XL como para q me tape hasta la cintura, mis pantalones son muy anchos y con mis zapatillas no se me ven ni los tobillos. Después de trabajar un poco con el inventario de la farmacia, y ver que todos tengan su hoja de asistencia y su correspondiente día de descanso asignado, les recordamos que estamos para lo que necesiten y que pueden contar con nosotros.
Entonces seguimos el recorrido a la segunda posta de salud. Son todas muy parecidas, pero lo lindo de la segunda y la tercera es caminar hasta ellas porque están en la parte elevada del campamento. Al lugar en donde llegaron estas 500.000 personas en 2 meses desde Myanmar, es un terreno irregular con muchas partes planas donde hay cosechas de arroz y muchas partes elevadas donde solía haber árboles y cañas de bambú que claramente usaron para armar sus casas y hoy no queda casi ninguno y son una gran mini ciudad con mini pasillos en un terreno irregular. En cada posta hacemos lo mismo, es lindo ver sus caras cuando nos ven llegar y cuando los apoyamos en su trabajo. Es muy importante empoderar a estas personas en lo que están haciendo, motivarlos, apoyarlos y capacitarlos para que lo hagan cada vez mejor. Pero no hay nada como caminar por el campo. Ver a los niños corriendo, bañándose en las bombas de agua que bombean manualmente agua de no sé cuántos metros para abajo, las casas con algo de humo porque están cocinando adentro (sisi adentro de la casa de plástico y bambu, pero hay costumbres que no ceden), los hombres cargando 20 veces su peso en la espalda, algún que otro kiosquito colorido, y las mujeres tapadas que por momentos se asustan de Enoch porque claro, nunca habían visto a un hombre negro y de semejante tamaño en su vida. Ser blanca y con el pelo destapado aunque en un rodete también se lleva varias miradas, pero miradas de timidez, de inocencia y alguna que otra sonrisa. El recorrido entero lleva 5hr o 6hrs, y creo que son unos 5km o probablemente más pero entre las subidas y bajadas es muy difícil de contar.
Y así se hicieron los 2pm, y salimos caminando con un andar ya desprolijo producto del cansancio a la ruta principal, y llamamos a la combi que nos viene a buscar… pero en la espera llega uno de los momentos más satisfactorio del día, comprar una 7up fría (que obvio que es otra marca pero es impronunciable) que me fondeo en 10 seg. Cuando llegamos a la casa tipo 3pm entre idas y venidas, desconectamos un rato, pero un rato nada más, porque enseguida nos tenemos que sentar con Enoch a pasar estadísticas a la computadora para las 4 postas, entregar reportes de epidemiologia y seguir trabajando con Jesús, el español de recursos humanos que nos ayuda a ver a quien tenemos trabajando en cada posta y quien lleva contrato, quien no, cuando hay que pagarle a cada uno y si necesitamos más o menos personal en cada posta. Hay muchísimo para hacer, pero hacemos un buen equipo con Enoch. Tenemos nuestras diferencias, y a veces cuesta querer tomar iniciativas para cosas y que me juegue la carta de que él es el verdadero manager de las postas, pero realmente nos llevamos muy bien y tenemos muy buen trato. También me ayudo a bajar un cambio, a que no todo hay que hacerlo ya, y que me tome más tiempo para observar y aprender.
Entonces se hacen las 6, y después las 7, y Sonia me insiste en salir a tomar un cerveza a la terraza con Jony. Así que habiendo terminado o no, suelto un poco las cosas, y salgo a desconectar. No hay luz afuera, y el cielo está lleno de estrellas, y se escuchan los rezos musulmanes de fondo por algún alto parlante. A la noche la temperatura suele enfriar pero tampoco mucho. Así que con este trio fantástico y la mayoría de las veces Trine que es la dinamarquesa que es obstetra, nos quedamos hablando de la vida un poco, porque por más de que no parezca, nos acabamos de conocer entre todos. Entonces suena el timbre de la casa, eso significa reunión general en donde Sara, nuestra coordinadora general, una francesa de unos 35 años, nos da el parte del día a los 20 que somos, hay mucho para coordinar y poder hacer lo que hacemos además de la parte médica.
Se hacen las 11pm y después de volver a trabajar un poco más porque hay que hacer el pedido de farmacia para poder llevar cosas a las postas al día siguiente, me doy una ducha fría que se disfruta y a la cama. En el cuarto rara vez esta Sonia, ella trabaja hasta más tarde, y Fia llega atrás mío. Me voy a dormir cansada pero sin estar cansada. Me voy a dormir llena, sin poder creer que ya lo estoy haciendo, que ya estoy acá viviendo esto. Tengo un gran silencio interior, y por más de que hay mala la señal de internet como para mandar noticias, realmente no encuentro las palabras, ni las emociones, siento una felicidad y tranquilidad que hace mucho no sentía asi de fresca y pura. Apoyo la cabeza y duermo más que profundo y de corrido, en mi colchón en el piso y la mosquitera como mejor escudo, ya me siento en casa.
Es tan emocionante leer tus líneas que a medida que voy leyendo es como si me transportara para allá. No debe ser fácil ver tanta necesidad y sufrimiento, te admiro por tu vocación de ayuda ¡!!!!! Cuídate mucho y no dejes de seguir contándonos toda tu experiencia ¡!!!! Beso grande, tia Delia
Enviado desde Correo para Windows 10
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GROSSSSSAAAA!!! MUA.
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