Clínica Móvil

Me senté en el asiento de copiloto de la Land Rover blanca del lado izquierdo, después de como siempre corregir mi intuición de subirme por el lado derecho. Di aviso a mi coordinadora que estábamos volviendo y le hice la seña al conductor para que arranque. En convoy me seguían 3 camionetas más con el personal nacional. Arrancamos el viaje y baje la ventana buscando aire que me ventilara la cara y el corazón. Tengo que estar atenta al camino, pero me permití unos minutos de perder la mirada, y encontrarme con mi respiración e intentar algo parecido a consolarme después de un día como ese.

Porque a la mañana es hasta linda la preparación para salir a la clínica móvil, lo cual quiere decir llevarte en una camioneta absolutamente todo lo necesario para montar un consultorio médico en donde no lo hay, y en nuestro caso del día, en un galpón. Entonces van llegando a la base los enfermeros, médicos, los choferes, el personal de logística, y vamos haciendo el check-list para ver que no nos falte nada. Es un lindo ambiente, de gente concentrada pero aun asi con sonrisas en los ojos porque en la boca hay barbijos, los chalecos de MSF limpios, y siempre algún chiste de por medio. Una vez con todo listo partimos. El camino es cruzando aldeas y con gente haciendo su vida normal de campesinos con lo cual ves niños corriendo, las mujeres cargando maíz en la cabeza, y los kiosquitos pintorescos sobre la ruta. Y voy repasando en mi cabeza qué necesitamos hacer y como organizar el equipo médico que asigne para el día.

A medida que vamos llegando, después de un rato largo de viaje, empiezas a cruzar las aldeas vacías, y es como si los colores hasta se apagaran un poco. Entonces llegamos a destino, y la multitud de gente de vestida con paños de diferentes tramas y colores es un poco abrumadora. La gente nos espera ya afuera del galpón alto muy alto de chapa, viejo, con una parte del techo salida y gris, porque saben que las distribuciones de comida y cosas para cocinar es afuera, y porque por otro lado, duermen ahí. Entonces mientras el personal que se dedica a la distribución de estos kits empieza a descargar todo, llevándose casi toda la atención de esta multitud, nosotros el equipo médico nos vamos organizando dentro del galpón. Para explicarle a la gente que por favor nos deje el galpón libre para actividades buscamos a alguna persona que por excepción a la regla sabe hablar portugués y por ende puede traducir en Makonde a la gente que por favor salga, y luego usamos esa misma persona de guardia para que deje a entrar a los niños y embarazadas primero. Mientras tanto bajamos nuestras mesas y sillas de plástico desarmables, nuestras cajas tipo tupper gigantes con medicación, la balanza de peso y los tachos de basura, y en 10 minutitos nos montamos un consultorio médico. A veces cuesta sentar a las mamas con niños en filas pero la organización es clave, asi como también lo es que se sienten en el piso para eso. Entonces ponemos una mesa al frente con 1 enfermero y yo a detectar desnutrición, pesar a los niños y hacer el test de malaria. Hecho esto pasan al área con 2 mesas en donde están los médicos para hacer la consulta y entregar la medicación adecuada que ya instalaron arriba de sus mesas.

La razón por la cual me pongo al frente en el triage con el otro enfermero es, porque además de confesar que me encanta hacer el test rápido de malaria, es donde puedo realmente comprender en qué situación llegan nuestros pacientes y detectar casos vulnerables. Vulnerables dentro de los vulnerables. Entonces pregunto “ ¿Hace cuánto llegaste?” y le miro la cara a la mamá por más de que la respuesta llegue por arriba de mi hombro del traductor, y la respuesta muchas veces es “ ayer” o “ antes de ayer”. Entonces pregunto por más de que ya sé la respuesta para ver si justamente hay algo nuevo “¿Cuántos días caminaste?”, y una vez mas llega la respuesta por encima de mi hombro “4 días”. Entonces ya sé que necesariamente le tengo que hacer un test de malaria porque en esos 4 días durmieron a la intemperie, con lo puesto. Y les miro los pies en busca de heridas a ver si después de la consulta vamos a tener que hacerles curaciones, a veces tienen ojotas, a veces descalzos.

Para el final del día había identificado a 3 niñitos con malaria y desnutrición aguda que necesitaban hospitalizarse, con cual necesitamos un rato para organizar la familia completa a ver quien acompañaba a cada paciente en nuestra ambulancia improvisada, y cómo harían para encontrarse con sus familiares después. También identificamos una niña de 3 años que había quedado huérfana con una gran parasitosis, aunque estable, que vino acompañada por su tía que ya tenía 2 gemelos de 5 meses y nos pedía ayuda para darle algo de comer. La niña casi llora cuando la separé lo más gentil que pude de su tía para llevarla a la balanza a pesarse. ¿Vieron cuando un niño se golpea y a pesar de sentir dolor, su primera reacción es buscar a su mamá y se lo aguanta para encontrarla primero y recién ahí largar el llanto? Bueno, es como si esta niña estuviera en ese estado en donde no esta su mamá y entonces ya no llora. Asi que le indicamos el tratamiento de parásitos y le dimos un kit. Es todo lo que podemos hacer. Y tan solo antes de irnos encontramos a un padre de familia que había dado acogida a 2 hermanitas de 9 y 8 años que también habían llegado solas y pedía ayuda con comida. Le tomamos los datos para la próxima distribución porque ya nos habíamos quedado sin.

El viaje de vuelta sirve para descansar un poco la cabeza, pero por sobre todo el corazón. Al menos por un ratito nada más, al llegar seguiré trabajando para completar las cajas de medicación, escribir los reportes, y adicionar los casos de padres perdidos o personas desaparecidas a la base de datos de una ONG internacional que se encarga de reunir familias.

Ese día, en las horas que estuvimos, hicimos 90 consultas médicas, y distribuimos cerca de 50 kits, pero aun asi la sensación es amarga. Entonces recuerdo una frase que recolecte en el camino hacia aquí que es: “muchas veces vas a sentir que no has hecho lo suficiente, pero eso no significa que no has hecho nada”. En este tipo de emergencias nunca es suficiente, nunca volveré sintiendo gusto dulce, pero de eso se trata, de volver a ir.

Realmente no tengo palabras para describir lo que estas personas están viviendo, y de las sensaciones que trae trabajar para ellas. Pero lo que si tengo es un equipo maravilloso del que me siento agradecida de ser parte y cervezas por las noches.

Clínica Móvil Mozambique
Clínica Móvil

6 comentarios sobre “Clínica Móvil

Agrega el tuyo

  1. Sofi….acá estamos…yo desde acá leyéndote, y pensando en este nuevo desafío , que no solo es poner el conocimiento de lo que uno sabe hacer de su profesión…acá se pone todo….. y todo es cuerpo, alma y corazón…..
    Te quiero Mucho Sofi, un abrazo inmenso…todos los días te tengo presente….

    Me gusta

  2. Tu diario es mi diario más sincero de lo que sucede y se cuenta sin otro interés que compartir la realidad y el suceso.
    Gracias amiga, brindo x ese camino a diario en el que te propones hacer algo.

    Me gusta

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑