Bangladesh

Hace 10 días, una mañana sin despertador como los últimos 3 meses, abrí solo uno de los dos ojos para manotear mi celular y hacer lo primero que hice cada día durante 3 meses, prender el Wifi y revisar los mails. Cuando sentí el sonido de un mail entrando es cuando abro los dos ojos, pero ya no se me aceleraba el corazón porque había aprendido a no ilusionarme, y entonces chequeo mi bandeja de entrada. Pero esa mañana, ahí estaba. Un mail de mi pool manager, que hace solo 2 días me había dicho que no tenía ningún puesto confirmado y solo había que seguir esperando, ahora decía en unas cortas líneas que tenía un puesto para mí en un campo de refugiados en Bangladesh pero que antes de seguir contándome de que se trataba el proyecto, necesitaba saber cuándo era mi fecha más próxima de partida porque me necesitaban lo antes posible.

El mundo no se detuvo, no se me paro el corazón, no me emocione, y creo que solo muy sutilmente sonreí al ver que el momento había llegado. Me tome un segundo antes de bajarme de la cama, porque una vez que pusiera un pie en el piso, era empezar la cuenta regresiva de 10 días que yo acababa de contestar que necesitaba para acomodarme y partir a Bangladesh. Sentí como 3 meses de espera, de ansiedad, de incertidumbre, de frustración, de emoción, de altos y bajos, de idas y vueltas, se escurrían de mi… se evaporaban… naturalmente caducaban con ese mail que tenía en la pantalla del teléfono en mi mano. Y entonces cuando puse los pies en el piso y esperaba la catarata de emociones, llego un silencio de determinación, de entender todo lo que implicaba ese mail, esa misión, es nombre de “Bangladesh”, de saber cuánto lo estaba esperando y ahí estaba.

La alegría de mi mamá primero, mi familia, y en consecutivo de todos aquellos que me acompañaron desde el primer día que dije “quiero trabajar para Médicos Sin Fronteras” y a los que les estuve diciendo “no, aun no tengo noticias” después de volver de mi instancia final de capacitación de Barcelona en Julio, predomino en los 10 días que tuve para tomarme el vuelo que desde ahora escribo. En esos 10 días recibí mucha más información sobre lo que pasaba en Bangladesh que reproduje infinitas veces para poder explicar a donde me iba. Festeje con vasos llenos de cerveza una nueva etapa, un sueño a cumplir desde los 16 años, y un sentido de aventura y adrenalina me invadían. Pero junto con ese nombre Bangladesh, había 600.000 personas en situación de emergencia en uno de los campos de refugiados más grandes de la historia (no me animo a decir más pero estoy bastante segura). Y lo que más me impactaba, era que nadie sabía nada.

El porqué de nuestra ignorancia es multifactorial, y no digo ignorancia con indignación, sino con conciencia de que realmente no sabemos lo que hoy en el 2017 le sucede a 600.000 personas. Y muchas veces queremos no saber porque no hay nada que podamos hacer desde nuestra realidad por la de ellos al otro lado del mundo, pero ¿es esto tan así? Porque si uno sabe que esto pasa, se puede anotar en MSF y salir al encuentro de estas personas, o puede colaborar desde su casa con organizaciones que hacen algo al respecto por estas personas o cualquier persona que sufre, si sabemos que esto pasa puede al menos abrirnos los ojos a que necesitamos amarnos un poco más y no ser tan insensibles con el que tenemos al lado, o nos puede hacer ver las cosas importantes en la vida y por cuales vale realmente desvelarse. Hoy escribo para compartir una experiencia, desde mi más humilde camino que se irá marcando, esperando acercar esa realidad tan lejos, distinta y desconocida que sucede en estos momentos mientras yo escribo y vos lees, para que tal vez hagamos algo distinto.

Y escribo desde un avión desde Dubai a Dhaka , capital de Bangladesh después de ya no sé cuántas horas de vuelo. al igual que durante estos días previos a volar, la lista de emociones es muy larga, pero hoy predomina el silencio. Estoy asustada, es real, y tangible… por un lado por lo que me voy a encontrar al pinchar la burbuja de mi hospital privado a una emergencia sanitaria de una magnitud que no entiendo, pero tal vez con más… vértigo… de conocerme a mí en estas circunstancias y tan afuera de mi zona de confort. Son muchas las preguntas que trae este vértigo, miedo, incertidumbre…rendiré lo que sé que puedo rendir, me encontraré débil al sufrimiento ajeno, me podré plantar a decir lo que pienso que esta bien, a enfrentarme a lo que me tenga que enfrentar…

Pero al mismo tiempo ante todo, pero TODO, tan desconocido, me tengo a mi misma como mejor aliada y compañera de aventuras. No me dieron ganas de echarme atrás pero ni medio segundo, porque sé que quiero hacer esto, y sé que puedo, y casi que más importante sé que me voy a equivocar y que me voy a agarrar la cabeza muchas veces; pero tengo dentro un silencio interno de determinación a hacer esto, y una sonrisa en el alma de estar acá.

 

 

 

 

 

6 comentarios sobre “Bangladesh

Agrega el tuyo

  1. Sofi bella! Me alegro mucho de que vayas a encontrarte con esas 600000 personas que se encuentran es esta situacion tan jodida que ni imagino!! No dudo que vas a cuidarlos, darles amor, y acompañarlos en s realidad tan dura y disti ta a la que vivimos aca…. hoy justo retome el libro del sari rojo, y justo en la parte que es la guerra de liberacion de bangladesh! Te tengo muy presente! Pongo en mis oraciones la vida y esperanza de las personas de alla, el trabajo y la vida de cada uno de msf, y por sobre todo a vos! Te acompaño desde aca! 😙

    Me gusta

  2. Sofi, te leo y te imagino sonriendo, contenta por estar donde queres, hiperactiva, ansiosa por empezar a trabajar, loca como siempre, excelente persona y profesional, te deseo todo lo mejor y confío en que vas a hacer lo mejor siempre.

    Me gusta

Replica a Chu Cancelar la respuesta

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑