My name is Supia

Es difícil saber por dónde empezar a escribir. Así que probablemente, por más de que lo intente, va a ser difícil seguir un hilo conductor, y por esto voy a disculparme de antemano.

Pase de estar algún que otro día sin Jonatan en el OPD a estar oficialmente sola a cargo del centro. Es un centro de consultas externas, no hay sala de emergencias (no al menos oficial) no tengo pacientes internados, ni funciono 24hs como los otros 2 centros del proyecto, entonces obviamente que ante la falta temporal de médicos iba a ser mi centro el que quedara solo con enfermería. Pero por más de que me siga llamando un centro pequeño, tenemos muchísimas consultas diarias, y por más de que no tenga sala de emergencias, las emergencias llegan igual para hacer de la sala de enfermería un Shock Room. Hoy agradezco tener 5 años de experiencia en un servicio de urgencias de un hospital como el Austral donde no hice otra cosa que aprender, porque hoy absolutamente todo lo que sé está en juego; de todos modos lo tengo a Jonatán que con una llamada se viene casi corriendo desde el otro centro que está a 10/15min caminando por los arrozales. Para los que me conocen trabajando, saben cuánto me gustan estos pacientes y ponerme los guantes, pero no deja ser una responsabilidad muy grande y hay cosas que me sobrepasan.

Aun así, creo que lo que más me cuesta dentro de estos desafíos diarios que significa ser manager de un OPD, son las consultas médicas que traen los pacientes. Ya que dentro de las 200 que hacemos por día, hay varias que por un lado nos sobrepasan al médico y a mi en conocer el diagnóstico y aplicar tratamiento, y por otro lado hay consultas que nos sobrepasa como MSF para poder hacer algo. Son muchos los pacientes a los que nos toca decir: lo lamento, no podemos ayudarte. Hago mi mayor esfuerzo por identificar estos casos e intentar referirlos a otros centros con más capacidad, pero todas las ONGs enfrentamos este tipo de problemas y el sistema de salud bangladesí no absorbe estas demandas (es muy largo y difícil de explicar). Y el corazón se aprieta un poco más con cada uno de estos pacientes.

Pero déjenme contarles del equipo que tengo y me cuida todos los días en el OPD. Somos un aproximado de 20 personas, tengo enfermeros que apuesto lo que sea que son los mejores del todo proyecto pero no lo quiero decir mucho para que no me los roben; los médicos me invitan a almorzar con ellos todos los días, y por más de que les cuesta el hecho de que su “jefa” sea MUJER, ENFERMERA y de otro PAIS, me respetan mucho; los de farmacia son prácticamente mis amigos, Nur Hossen cada tarde al cerrar el OPD me hace cerrar a mí el ropero de medicación en señal de respeto que soy yo la encargada, y junto con Sohel me acompañan hasta la calle y se quedan conmigo hasta que llegue mi auto para volver a casa; los crowd controllers junto con los guardias son los que menos hablan inglés pero aun así son las personas más resolutivas que conozco ya que no aun no encontré nada que no puedan arreglar o hacer por mí; y last but not least mis contact tracers Gofur y Ayatullah, son los encargados de buscar en el campo a las personas que yo quiera encontrar o lo que necesite para resolver lo que nosotros llamamos family drama. Estas son situaciones en la cual, por ejemplo con la difteria, la mamá viene con el hijo enfermo y yo lo tengo que mandar a otro centro pero para eso necesita la autorización del padre del niño y alguien que cuide a su otro hijo de 3 años en casa y necesita organizar la casa, entonces es cuando entran en acción mis contact tracers para resolver como hacer y referir al niño lo antes posible. Son lo más parecido al FBI que se puede encontrar en el campo ya que no hay nadie que se les escape o que al menos me traigan un reporte detallado de que fue lo que paso con ese paciente. Cada mañana me siento con ellos para darles missions y priorities de casos que quiera que encuentren o sigan por mí, y tienen un nivel de compromiso con cada caso y con cada tarea que les encomiendo que es difícil de describir, antes de irse al campo nos damos la mano y los despido con un “good luck”. Gofur a veces me trae comida de su casa que hace su mujer para que almuerce en un tupper de lata muy típico de acá, y no deja de repetirme lo feliz que es de trabajar conmigo, y yo no contengo la emoción al escribir de él porque sabiendo su historia y la de Ayatullah, puedo ver en sus ojos lo que significa este trabajo para ellos y no siento más que honor en trabajar con ellos.

Y déjenme contar uno de los desafíos que enfrentamos a diario todos los que trabajamos en este proyecto, se llama translators, traductores. Resulta que los rohingyas hablan su idioma, y dentro de Bangladesh hay cerca de 16 diferentes idiomas, entonces los que viven cerca de la frontera con Myanmar si entienden el idioma, pero no todos viven en la zona, eso significa que no todo el staff entiende a los pacientes y necesitamos traductores. Entonces ellos traducen de rohingya a bangla, o de rohingya a inglés, o de bangla a inglés, o todas esas opciones viceversa. Pero como se podrán imaginar, son muchas las veces que se genera un teléfono descompuesto que en el momento nos hace transpirar de los nervios pero a la noche con una cerveza se convierten en un stand up que nos hace estallar de la risa. Porque tenemos situaciones como: uno pregunta: “¿Hace cuántos días tiene fiebre?”, el traductor le pregunta al paciente, paciente responde al traductor, el traductor discute con el médico, siguen hablando mientras yo sigo la conversación que no entiendo con mi cabeza como un partido de pingpong esperando a ver quién me va a responder, entonces el médico me mira y dice: “si tiene fiebre”; entonces uno insiste: “si, ya sé que tiene fiebre, pero quiero saber hace cuánto”, entonces una vez más el traductor habla con el médico, el medico con el paciente, el traductor con el paciente, el traductor con el médico, otra vez ping pong viendo quien va a contestar, hasta que tengo una nueva respuesta: “ en su familia solo él tiene fiebre, los hermanos y los padres están sanos”, y así unas 3 veces más hasta lograr una respuesta coherente. En el momento no sabes si llorar, matarlos, sentarte a tomar un café, o salir corriendo, pero a la noche nos duele la panza de reírnos compartiendo nuestras anécdotas del día.

De a poco voy aprendiendo algo de bangla, y ellos van aprendiendo algo de español. Les enseñe por ejemplo a decir “buenos días” entonces llego a la mañana, y me doy la mano con todo el staff diciendo mitad de los saludos en bangla y mitad en español para sentirme un poco más en casa.

Pero nada va a superar a los chiquitos que viven afuera del OPD que se acercan cada tarde gritando pero a la vez tímidamente: my name is Supia.

Estoy feliz, estoy cansada, estoy motivada, estoy agobiada, quedan 3 semanas, siento que quedan 3 meses, no me quiero ir, quiero volver a mi casa, el equipo es una familia, que difícil son las despedidas, que lindo es conocer tanta gente nueva.

Quiero una milanesa.

3 comentarios sobre “My name is Supia

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  1. Sofi, cuántas emociones encontradas, cuanto para aprender, y cuánto para agradecer, cuanto lo que haces y cuánto lo que enseñas….mí admiración y agradecimiento..

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