
Me mostraste lo fuerte que podemos ser las mujeres. Me enseñaste a tolerar la cara empapada de transpiración como un estado normal. Me diste de comer demasiado bien y disfrutar mucho más del pescado, y a compartir todos el mismo plato. Me bañe en tus ríos que suben y bajan como el mar. Me regalaste domingos al sol. Viaje en tus taxis, barcos y motocarros. Me dolió la panza de reír. Disfrute de tus lluvias y tormentas. Me enseñaste a hablar portuñol. Baile tu famosa Kisomba de la que estoy enamorada. Camine la playa desierta de una de tus islas y nadé en el mar, pero me quedé con ganas de conocer más. Me encantó dormir con mosquitera, pero no la profilaxis de Malaria que tuve que tomar. Me sorprendiste con la cantidad de cosas que se pueden llevar en la cabeza y lo práctico que parece llevar niños en la espalda. Me hiciste decir «buenos días/tardes/noches» dos millones de veces por día porque aquí todos se saludan, y todos son familia.Me enseñaste que distintas culturas, creencias, religiones, tradiciones, SI pueden vivir en paz. Me hiciste dibujar de nuevo.
Conocí un poco de tu índice de mortalidad infantil por el cual eres tan famosa. Me agrandaste el corazón, pero para después apretármelo. Me desvelaste por las noches y me hiciste caer rendida de cansancio a la siguiente. Me hiciste apretar los dientes mientras dormía, por indignarme contra el mundo entero, incluyéndome a mi misma. Me tuve que reinventar el sentido de mí vida para poder entender y sentir que SI estaba haciendo algo por ti. Me llevaste a límites que no conocía de mí misma, y me enseñaste a superarlos. Me enseñaste que preocuparme por cosas que no depende de mí no vale la pena, pero no sólo saberlo, sino ponerlo en práctica. Acepte el hecho de que muchas veces el tiempo me da la razón, pero que la mayoría de las veces NO, entonces tengo que escuchar más de lo que hablo. Porque a su vez, redefiniste el concepto del tiempo, y me develaste su inexistencia.
Me regalaste unas compañías increíbles, presenciar conversaciones con personas maravillosas de todo el mundo que abrieron puertas y ventanas nuevas en mi vida, y ahora me queda explorar. Me regalaste amistades nuevas pero profundas, y sentir el apoyo de las que quedaron en Argentina con la simpleza de un mensaje, una carta, o hasta el mismo silencio.
Te di todo lo que tenía en estos meses. Algunos dirán que hasta un poco de más. Pero cómo no querer darte lo mejor de mi, si tu me estabas dando tanto. No deje más que una humilde semilla, que espero que algún día de fruto. Sólo tu, y el tiempo que no existe, sabrán.
Gracias Guinea Bissau. No voy a olvidarte nunca. Por favor cuídate. Estamos juntas.

Sofi, siempre conmovedora. Nos veremos por estas calles. Beso
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Sofi que placer es leerte! Espero siempre con ganas tus escritos xq dejan entrever tu valiosisima alma Beso!
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Maravilloso cuántas experiencias. Seguro que tanto trabajo va a generar muchos frutos. Buen regreso.
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Me encanta todo lo que decis y como contas tus experiencias. Siempre quedo esperando la próxima.
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