Jenga

“Gracias Carlson por la introducción, aunque estoy bastante segura de que no hablo así…” y lo imite moviendo la cabeza y las manos como casi rapeando, haciendo a todo el mundo reír. Carlson es el enfermero nacional que estuvo trabajando conmigo durante esta misión, y acababa de intentar recrear la escena de esa mañana cuando le dije que debía volver a casa anticipadamente. En esa tarde de sábado todo el equipo se quedó a despedir a el logista Kenneth con unas bebidas y comida, lo que no sabían era que me despedirían a mí también. Fue una decisión tomada la noche anterior y ya que había un auto yendo a capital al día siguiente, debía tomar la oportunidad. Entonces seguí mi discurso de despedida “…Lamento que la mayoría se tenga que enterar así, pero esto me toma de sorpresa a mi tanto como a ustedes. Ayer recibí una llamada muy importante desde mi casa y necesito volver. En momentos como este es cuando la frase “la familia va primero” toma sentido, así que hoy lamento mucho dejar el proyecto así pero debo volver”. En ese momento casi se me quebró la voz, pero ya había tenido todo el día de práctica sobre como tragarme el llanto, así que por 12va vez logre controlarlo con solo 2 segundos de pausa, realmente quería poder terminar de decir lo que quería decir. Y seguí “pero no me podía ir sin agradecerle a cada uno de ustedes, porque como enfermera comunitaria (mi posición en el proyecto) necesite la colaboración de todos, y la tuve. Así que gracias a los logistas por atender a todos mi pedidos urgentes, a los administradores por los mil pagos y ID cards, a la coordinación por todo su apoyo con los mapas y más, a promoción de la salud, al equipo de maternidad, a las cocineras por el almuerzo de todos los días, y todos. Me voy del proyecto muy satisfecha por el trabajo realizado y por la cantidad de personas, de pacientes que estamos apoyando en estos momentos difíciles. Así que gracias, sé que es difícil irme así, pero me gusta ver el proyecto como el Jenga que jugamos, donde cada uno de nosotros es una pieza, y si falta una, el resto del equipo lo sostiene. No tengo ninguna duda de que van a seguir haciendo un trabajo increíble, reciban a mi reemplazo con la misma sonrisa que me recibieron a mí, y continúen con el buen trabajo, hasta la próxima”.

Este fue el cierre de un día directamente surreal. Tuve la suerte de haber tenido la semana anterior de planear, coordinar cosas y ya había comenzado a distribuir las tareas en el equipo nacional, entonces para cuando llego este llamado ya solo tuve que delegar llaves y celular pero las tareas y todos los documentos estaban al día. Con los años comprendí que la mejor señal de un trabajo bien hecho, es justamente ser prescindible. Porque significa que trabajaste en equipo, que empoderaste a los demás, y supiste comunicarte lo suficiente para que cualquiera entienda tu línea de pensamiento y pueda tomarla en cualquier momento. Y ese sábado era cuando todo se ponía a prueba, pero el verdadero crédito es el equipo que me rodeaba que me apoyo desde el primer segundo sobre esta repentina partida y no hicieron otra cosa que repetirme “nosotros continuamos, no te preocupes”. Así que por más que soy una persona que me cuesta soltar, no tuve más remedio, me entregue y confié. Terminamos ese sábado con unas hamburguesas en la parrilla, cerveza, gin tonic trucho, y jugando al Jenga que traje de Argentina. Lo compre sin ninguna expectativa y resulto ser el entretenimiento por excelencia del proyecto. Lo jugamos desde los expatriados con cerveza a la noche, hasta torneo por departamentos (guardias, conductores, enfermeros, médicos, coordinación, cocineros, administradores, etc etc etc) con todo todo el equipo nacional. Fue una fiesta.

No encuentro palabras para describir como me voy. Ninguna palabra logra describir la mezcla de volver a verle cara a la crisis, ver el miedo en los ojos de la gente, verla la cara a la selva que hoy cuenta más historias tristes que felices sobre la gente que vive escondida en su interior, y volver a sentir que estoy poniendo una curita en una herida más grande de la que puedo cubrir; pero también tuve la certeza de estar poniendo la mejor curita que pude. Y no puse una, puse más de 100 mochilas de curitas en las espaldas de los enfermeros que manejamos en el proyecto. Y a cambio estos enfermeros traían en sus ojos agradecimiento, orgullo de ser parte, y motivación que lograba empujarnos a querer hacer más y mejor. No me vuelvo frustrada, no me vuelvo con gusto a poco. Me vuelvo con una nueva palabra. Una palabra que usan los cameruneses para darse ánimo, coraje, fuerza, y que repetimos mucho durante esta misión. Porque no se trata de hacer las circunstancias más fáciles, no se trata de no tener voluntad para hacerlo, se trata de hacer lo que tengas que hacer, vivir lo que tengas que vivir, sentir lo que tengas que sentir, con ashia.

Ashia Camerún, hasta la próxima.

Ashia Lalita, ya estoy con vos.

ashia

3 comentarios sobre “Jenga

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  1. Beso muy muy grande. Se lo importante que era para ustedes. Ya dejó de sufrir y descansa en paz. Chichita (otra Lalita)

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