Un regalo y un nuevo punto de partida

Me llevo muchos meses volver a escribir, y más aún de la experiencia y proceso que viví el año pasado durante la pandemia. Supongo que siempre me fue más fácil escribir estando afuera viajando que desde casa, con mis cosas, mi gente y milanesas. Pero quiero escribirlo antes de empezar a contar de mi nueva misión una vez más con Médicos Sin Fronteras en Mozambique, lugar en donde me encuentro escribiendo esto en este preciso momento, porque fue una de las razones por las cuales creo que estoy una vez más apretando estas teclas intentando hilar ideas para compartirlas.

El año pasado el Hospital Austral (un hospital privado en Pilar, Buenos Aires, donde trabajé 5 años de mi vida) sabiendo que el hospital público de su municipio no daría abasto con la demanda de pacientes por la pandemia, abrió y reformó un anexo de kinesiología como terapia intensiva e intermedia para descomprimir el hospital, y los pacientes serían atendidos sin cargo claro. Eso implico un esfuerzo logístico inmenso, y además la contratación de un equipo de salud de cero, y ahí es donde empieza mi experiencia como una de las 9 enfermeras por turno que llegamos a ser. Mi función esta vez era de enfermera y enfermera, sin coordinar a nadie, sin tanto papel o informe pero puro guantes y máscara N95, lo cual fue para mi un reencuentro con mi asistencialismo muy necesario y valorado. El trabajo no solo era desafiante e intenso como buena terapia, con el adicional de tener que usar todo el equipo de protección personal, sino que dentro del equipo teníamos muchas colegas enfermeras que ese era su primer trabajo. Con lo cual un poco de docencia estuvo implícita en el trabajo del día a día, y al inicio puede ser que yo haya creído que yo les enseñaba algo a ellas, pero con los meses me di cuenta que ellas eran quien me enseñarían a mí.

Ellas saludaban a los pacientes por más de que estuvieran dormidos mil veces durante el turno, les cantaban cuando trabajaban con ellos, se comprometían y se entregaban plenamente con el corazón en la mano las 7 hs que estábamos ahí adentro. Yo llamaba a los pacientes por número de cama, pensaba en como entregar la guardia sin pendientes o los menos posibles, y no miraba atrás si un paciente terminaba su vida, me detenía y les daba su momento, pero terminado eso, a trabajar. Logramos una gran dinámica de equipo, de cubrirnos y apoyarnos entre todos los que entrabamos a trabajar a la sala, donde no había errores y siempre oportunidad de pedir y dar ayuda a los demás, éramos realmente un solo equipo de diferentes profesiones. Y era lo que necesitábamos para encarar cada guardia de salas completas y una alta mortalidad que se hacia sentir día a día.

Y un día llego Moni, una enfermera de mi turno, en mi búsqueda porque al recibir la guardia se sintió abrumada por ver que el paciente de cama 6 había sido intubado en el día de su cumpleaños, y aún colgaba el cartel de colores y globos de su cama. Estábamos en el office de enfermería vidriado mirando la sala completa de pacientes. La tomé del hombro y le expliqué que, para esa persona estar en esa cama y haber sido intubada en el día de su cumpleaños era realmente el mejor regalo que podía recibir. Porque sino estuviera ahí estaría en un hospital colapsado y sin oportunidad de recibir tratamiento. Le explique que nosotras no podíamos controlar lo que estaba pasando con la pandemia, no podíamos controlar que esa persona se había contagiado, o cuanto tiempo había tardado en llegar hasta esa instancia de terapia intensiva, pero una vez a nuestro alcance, le confirmé que estaríamos haciendo lo mejor que podíamos para que se recupere. Y que estar dándole una oportunidad, ya valía todo el esfuerzo, que valía la pena.

Moni tomo aire, miro al paciente de nuevo por el vidrio, y dijo con su hermosa tonada ecuatoriana “tienes razón Sofi, gracias” y se fue a vestir con el equipo de protección personal para entrar a la sala. Y en eso yo misma volví a mirar por el vidrio, pero esta vez vi la sala de neonatología de Guinea Bissau. Casi que sentí el calor, vi las cunas y los concentradores de oxígeno, y volví a escuchar lo que acababa de explicarle a Moni. Sentí casi por sorpresa y por primera vez una palmada en la espalda y una secada de lágrimas que no habían dejado de caer solo que en silencio. Porque durante 2 años estuve recordando la mortalidad de esa Neo, pero casi sin nombrar que la cantidad de pacientes que se iban de alta los duplicaban y que seria un 100% si no hubiéramos estado allí; me desvelaba pensando en la cantidad de cunas que teníamos llenas, en lugar de pensar que cada una era una oportunidad; y me quemé la cabeza pensando en que podría haber hecho mejor hasta mucho tiempo después de haberme ido, pero ahora parecía comprender que había cosas a mi alcance y cosas que no. Me reí de mi misma, me tuve compasión, y volví a reconstruir esa misión en mi corazón, pero con otro color. Volví a recordar, volví a soñar, volví a enojarme, volví a llorar, volvía a reír pensando en lo lindo que fue y la cantidad de cosas increíbles que había vivido en esos 6 meses, y de a poco, muy de poco, empecé a soltar y ver a esa Neo como un regalo.

Comencé a llamar a los pacientes por nombre y apellido, empezamos a poner música y bailar con los recuperados, y para cuando me quise dar cuenta, el calor ya traía menos casos y momentos de cerrar las puertas, ya no eramos necesarios.

Definitivamente no soy la misma persona después de haber trabajado en ese equipo, no en ese lugar, en ese equipo. Creo que nadie de los que estuvimos ahí salió igual, le llamamos “la mística”. En esa terapia intensiva de COVID19, con un equipo de desconocidos, y unas sonrisas de pacientes de alta, volví a creer que vale la pena.

Con este nuevo y viejo sentimiento, me embarqué en mi nueva misión en Mozambique. Voy por mi tercer día de viaje, y aún queda uno. Pero este es mi punto de partida.

Obrigada Mozambique pela oportunidade.

Hospital Solidario Covid19 Austral

14 comentarios sobre “Un regalo y un nuevo punto de partida

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  1. Sofi querida soy Dani.
    Espero que tengas una experiencia dadora de sonrisas y miradas cómplices de vida para todas las personas con las que te vincules.
    Tocalos y abraza a los que puedas mirándolos a los ojos, eso si lo permite el Barbijo.
    Te deseo Paz y entrega, calma y descanso para emprender cada día el viaje eterno a la vida del paciente.

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  2. como siempre Sofía leo con mucho interés tus notas que ayudan muchísimo para seguir adelante con esta pandemia que nos está trasformando. Mucha suerte en tu nueva experiencia!!!!!! Un abrazo grande. Helena GV amiga de tu mamá y de tu abuela.

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  3. Sofi, que placer volver a leerte y gracias una vez más. Gracias porque las palabras que le dijiste a Moni son las que más necesitaba leer en estos días en medio de mi revolución de emociones en el área COVID en la que me encuentro. Buen viaje! Ojalá nos encontremos al regreso para compartir una vez más tu experiencia junto a mis alumnos…

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  4. Como siempre termino de leer y se me pone la piel de gallina. Mucha suerte en esta nueva etapa y ojala te encuentres con una nueva «mistica»,no lo dudo …. ¡ Lo mejor — Diego

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  5. Que bueno saber de tu vida otra vez.Siempre es una leccion . Suerte en esta experiencia. !!!

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