Nosotros y ellos

               La empatía, por definición y como la conocemos, es “la capacidad de comprender los sentimientos y emociones de los demás, basada en el reconocimiento del otro como similar”. El altruismo es “procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio”.

               Y permítanme aclarar la compleja y enmarañada idea que tengo en mi en este momento, y sepan disculpar de ante mano si no se llevan una conclusión clara. Me cuesta arrancar porque creo que no existe el altruismo, o al menos creo que es muy difícil de diferenciar con el egoísmo de sentirme bien por ayudar o el interés propio. Y que la empatía emocional es muy pretenciosa pero tampoco real ya que la idea de “comprender al otro y ponerme en su lugar” la veo casi imposible ya que estaremos siempre e indefectiblemente cargados de nuestros propios sentimientos, emociones y experiencias para hacerlo. Pero aun así necesito apelar a todos estos conceptos, a pesar de no haber definido mis ideas, para compartirles los siguiente.

             Creo que todos o al menos gran mayoría sentimos muchísimo, y aún lo hacemos, sobre lo que están viviendo las personas de Ucrania. Como nunca pudimos sentir empatía de lo que significaba estar en guerra, y vimos la movilización social, mediática y humanitaria inmensa que eso generó. Recuerdo el día que vi la noticia de como los alemanes dejaban carritos de bebe en las estaciones de tren para que cuando llegaran las familias ucranianas pudieran usarlos, y sentí una profundísima emoción. Emoción por ver esa empatía y humanidad, algo parecido a altruismo, de esas personas que daban sus carritos por otras que lo necesitarían, y aún más emoción por ponerme en lugar de ucraniana y llegar en el tren y ver que alguien dejara eso para mí. También sentí muy fuerte las primeras transmisiones de las caras de esas personas en las estaciones de subte refugiándose bajo tierra por primera vez, o las despedidas de las familias que se separaban. Lo sentí, y muchas personas conmigo también lo sintieron. Fue mucho tiempo el tema de conversación general, los titulares de las noticias y al principio hasta lo último que pensé antes de irme a dormir. Y fueron muchísimas personas las que encontraron maneras de dar una mano, o dar financiamiento a alguien más que estuviera al alcance, o con algo que parece simple pero es importantísimo ya que es el inicio de toda ayuda que es dar visibilidad.

Y esta crisis la sentimos y lo sentí asi de hondo, por sentir a los refugiados como nosotros (al margen de la inmensa movilización mediática que es otro punto). Lo sentí porque compartimos muchos aspectos culturales con Ucrania, porque físicamente se parecen a mí, porque realmente me pude identificar con cualquiera que estuviera viendo en pantalla. Y eso es normal, y lógico, y tal vez en algún punto hasta este bien, pero siento que no tan bien. Porque una vez que siento lo que siento, uno puede sentarse en esa emoción y dedicarse a sentirla, o puede usarla como motor para hacer algo. Y ahí es donde yo siento que se pica.

Vivimos en un mundo polarizado donde, para todo, estamos nosotros y ellos. Los ejemplos pueden ser miles, desde mi religión y la de otros, mi profesión y la de otros, mi clase social y la de otros, mi nacionalidad y la de otros, y asi miles. En nosotros tenemos una mayor empatía como ya vivimos, lo que significa que voy a tener más positivismo a pensar que son todos “buenos”, me generan confianza, y seguramente activamente intentaré ayudarlos, porque son de los míos. Pero que haya de los míos, significa que hay un ellos, que probablemente dejare en la misma bolsa de homogeneidad sin lugar a creer que pueden ser distintos unos de otros, probablemente desconfíe más, y eso haga que más probablemente no sean el foco de mi ayuda. Y no los ayudaría primero por no saber que están, pero tampoco por no saber que necesitan y/o por no intentar hacer nada para saber.

Y ahí vuelvo en donde, creo que no está tan bien la empatía asi de simple, o al menos necesita y creo que puede ser educada. Educada para poder alargar ese grupo de los míos, y poner al menos de vez en cuando el foco en el ellos para romper esa primera barrera de homogeneidad y encontrar esos puntos en común donde podamos acortar esa distancia que nos separa.

¿Por qué? Porque al tener estos grupos tan separados empiezan a pasar cosas que, a mi parecer, injustas (y también invito unos mates al que quiera seguir con esta tangente), y hoy lo traigo porque me gustaría darles lugar a ellos para poder guiar ese activismo de ayuda que todos vimos que tenemos entre nosotros. Porque ellos también la necesitan, y la ayuda no siempre es pareja.

Este año, de hecho este mes, me voy de misión nuevamente con Médicos Sin Fronteras a un país que representa un grupo de ellos más ellos que podría imaginar. Me voy a Yemen, un país en medio oriente con una población 99% de islam. Este país está en guerra hace 7 años con una de las crisis humanitarias más devastadoras de los últimos no sé cuántos años. Yo al igual que vos tampoco me enteré cuando empezó la guerra, ni que hoy seguía tan activa, y también lo busqué en el mapa. Es una cultura realmente muy distinta a la mía, de hecho, hasta me encontraré escondiendo partes de mi vida personal no solo por sensibilidad, sino por seguridad. Me vestiré como ellos y no tanto por elección (más allá de que lo haría para mostrar respeto). Es de los países más dentro del grupo ellos que podría pensar ya que siento que no se parecen en nada a mí. Pero me voy a trabajar a un hospital centrado en maternidad, y más principalmente de la neonatología. Entonces, ahora en contexto, voy a trabajar para madres con niños y mujeres embarazadas que también tuvieron que abandonar sus casas y migrar a otras partes del país pero que no fueron recibidos con carritos para bebes en las estaciones, que no los alojan en países vecinos como a los ucranianos, y que también vieron sus familias separadas. Bebés recién nacidos que necesitan alguna asistencia para empezar una infancia que probablemente no sea fácil.

Y sé que estamos en un momento difícil para recurrir a la empatía, lo cual es exactamente lo que estoy proponiendo, porque habrán sentido como con las semanas y los meses, ya no sentimos igual porque una y otra vez la misma noticia cansa. La empatía cuando no la canalizamos o nos cuesta disociarla de nuestra realidad, y sobre todo no la dosificamos, cansa. Y si agregamos factor tiempo, también normalizamos. Y no está mal tampoco, nada de todo lo que sentimos está ni estuvo mal, porque mantenernos al borde de la silla y con sensación de angustia en cada posteo día tras día, no nos ayudará ni a nosotros ni a ningún refugiado de ninguna parte del mundo. Y en ese cansancio a veces hasta sentimos culpa, por no sentir lo mismo que al principio y la cosa se pone cada vez más pesada dentro nuestro. Entonces no está mal tener la empatía cansada, pero una vez más, aprovechemos la oportunidad para educarla ahora que aun la sentimos.

Aprovechemos para usar esta empatía de personas en guerra e involucrarnos en estas realidades en las que tenemos altísimo impacto si queremos colaborar, ayudar, apoyar y contener. Usemos esta empatía como motor, para que no sea solo sentir por sentir. Encontrá la causa o medio que más te guste para hacerlo, y hagamos algo. Yo además de trabajar elijo colaborar con esta organización, pero hoy hay muchas opciones, y muchos ellos que lo necesitan.

No quiero comparar en absoluto la crisis de Ucrania con la de Yemen, son peras y manzanas, no es por ahí. Solo quería compartir esta reflexión, contarles que me voy a trabajar con ellos 6 meses con toda la intención de educar mi empatía para que, al conocerlos, pueda considerarlos parte de los míos también.

Y al que me quiera acompañar, nos vemos en Yemen.

¿ellos o nosotros?

7 comentarios sobre “Nosotros y ellos

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  1. Increíble Sofi! Es doloroso saber que el «nosotros y ellos» lo tenemos tan incorporado que terminamos cayendo en una empatia selectiva. Me quedo resonando e incorporando tus últimas palabras «educar mi empatía para que, al conocerlos, pueda considerarlos parte de los míos también.» Gracias, gracias, gracias

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  2. Hola Sofi, hacía un tiempo que no sabía nada de vos y ahora te vas a Yemen, cómo hacer para estar en todos lados en este mundo caótico, entiendo que debemos participar más, es imprescindible, pero el problema es que son los gobiernos los que no ayudan…cada vez hay más gente destruída y dispersa por el mundo que necesita ayuda….estamos gobernados por dementes, ya se que la gotita que podemos dar ayuda, pero no basta…y cuando uno tiene tantos problemas en su propio país es más difícil. Siempre admiró lo que hacés y en lo que te involucraste…yo trataré de hacerlo un poco más. Un beso grande y todo mi cariño y admiración.

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  3. Que lido volver a leerte, y acompañarte en este nuevo desafío de educar la empatía.
    Te seguiremos en Yemen, y nosotros desde acá siempre aprendiendo un poco más.
    Gracias

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  4. Muy bueno tu razonamiento. Suerte en este nuevo emprendimiento. Beso Sofi.
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